Cuarentena con TCA

Auto publiqué mi libro a mediados de octubre del año anterior; tan solo han pasado unos cuantos meses des de que uno de mis grandes sueños se cumplió. He ido realizando algunas presentaciones en varios institutos de la comarca y, al finalizar las explicaciones, me han llegado a hacer muchísimas preguntas como: “¿Cómo te ves ahora?”, “¿Crees que las redes sociales toman un papel importante en esta enfermedad?”. No quiero menospreciarlas, ni mucho menos, ya que todas ellas tienen su valor y su inteligencia cómo para merecerse una buena respuesta. El caso es que nunca nadie me ha preguntado: “¿Cómo es tener que hacer cuarentena por COVID-19 mientras sufres TCA?” Tengo que decir que aunque alguien me la hubiera hecho no hubiera sabido qué responder, hasta hoy. Llevo 24 horas sin salir de mi habitación, sin relacionarme con nadie y, lo más importante, conviviendo conmigo misma las veinticuatro horas del día. Para una persona sana se le hacen las horas eternas y los segundos interminables pero es capaz de buscar alguna cosa que le estimule para distraer su mente y arrancarla de las garras del aburrimiento. Ojalá pudiera decir que todo lo que yo siento en estos momentos se puede resumir con la palabra “aburrimiento”. He pasado de tener los días completamente ocupados a tener que pasar las horas enteras conmigo misma y con mi TCA. Hoy ha sido mi primer día de cuarentena y ya estoy agotada. Seguramente pensaréis que tengo poca paciencia o que no sé distraerme, pero va mucho más allá de eso. Estoy exhausta de haberme pasado 14 horas del día pensando en cuándo me va a tocar comerme la siguiente comida y en cómo lo voy a hacer para quemar todas las kilocalorías que ingiero sin salir de mi habitación. Me siento cansada de llorar, de mirarme en el espejo y repudiarme al ver la cara de enferma que hago, de querer cerrar los ojos para desconectar y no conseguirlo. Ojalá fuera solo aburrimiento y ganas de hacer cosas; todo sería mucho más sencillo. Intento hacer cosas para distraerme, os juro que lo intento, pero es como darme golpetazos contra una pared sabiendo que ni al cuarto asalto la voy a demoler. No puedo salir de aquí, arrancar a correr y volver a mantener la actividad de mi día a día, la que me hacía desconectar de todo lo que ocurría dentro de mi cabeza. Ahora solo puedo mirar por la ventana, seguir ignorando mis reflejos en cualquier cristal de mi habitación y rezar para que los días pasen cuanto más rápido mejor. Así, sin más, es mi puñetera cuarentena.

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